"Te hallaré, herida mía, en el costado;
te buscaré la rosa desolada
donde liba la abeja del pasado".
Roto gozne, doliente vesperada.
Entró de golpe todo lo olvidado
-Tu boca, amor, se quedará callada -
con un triste zumbar desesperado.
Y un amargo dulzor franqueó mi pena
¿Por qué, si aquí y ahora nada espero,
me duele en los huesos esta condena
de quererte, guardesa del romero?
Y líbame el ayer con sol y arena,
o la herida del hoy en que me muero.
Marcelo Jaurane
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