o brizna del relente enamorada,
se revela al espacio en la ensenada
de tu boca con grima de tu río.
Y tu luna salinar en el frío
ocaso te dejó desamparada:
mil drizas pluviales en tu mirada
la sostienen ante este duelo mío.
¿Quién puede mensurar este pabilo
glacial en el llorar de mi druidesa?
Su penar se derrama hilo a hilo,
simple regato que se despereza
y me rasga la carnes con su filo
de sal que mi boca bebe, y besa.
Marcelo Jaurane
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