a la fragua del rumor oscuro
de la noche. Vivía en ese puro
crisol donde la esperanza ya no arde.
Y llegaste en las galas de las albas
al moruno páramo de mis días.
Tu voz brilló de relampaguerías
como sol frutal sobre tierras calvas.
Porqués de tantas noches desoladas,
porqués de tanta noches con sus vinos,
porqués de tantas caras olvidadas
tienen su razón en nuestros destinos.
Ahora sé por qué tantas jornadas
fueron fragua de luz de dos caminos.
Marcelo Jaurane
20 de diciembre de 2010
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