los dulzores de un fruto tuyo y mío,
justo cuando enguayabado y sombrío
destejía mis sonetos en desvelo.
Me llevo, Oh, Caracas, de tu cielo,
una garúa de sol pa' mi río,
Catire tibiecito pa' mi frío
del alma cuando me alcanza un duelo.
Puede tu brisa desnudarle un poco
el sabroso rumor de la guayaba,
la moruna luz de la Coromoto;
pero la ciño en brazos y la abrigo.
Al dormirse, su sueño será tuyo;
y al despertarse, soñará conmigo
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