fuiste en mi infancia, oh, álamo mío.
Vencer tu milagrera de candiles
quisiera como ayer en mi hoy sombrío.
Te soñé como un astro en los pensiles
divinos. Caz del relente. En el frío
desnudarte, dejaste tus astiles
para el dulce jugar del piberío.
Si en un leño, oh, noche vencedora,
lo conviertes; en artesa o en canto
de Marsyas o en fervor de amasadora,
que yo nunca me entere de su planto;
que ha mucho soñé, en mi última hora,
mi nombre, en sus astillas, para el llanto.
Marcelo Jaurane
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